Pekin Historia

Pekin Historia

Hacia el a?o 1000 a.C., la zona que en la actualidad constituye Pekín, poblada desde hace unos quinientos mil a?os, se constituyó en ciudad comercial fronteriza para mongoles, coreanos y tribus de Shandong y del centro de China. En el a?o 1215 d.C., quedó completamente destruida en un incendio ordenado por Genghis Khan; posteriormente, fue reconstruida con el nombre de Dadu, o “gran capital”, y entregada a Kublai Khan, nieto de Genghis. En 1368, el mercenario Zhu Yanhang encabezó un levantamiento, se hizo con el control de la ciudad y expulsó a la dinastía Ming. La ciudad fue entonces bautizada con el nombre de Beiping (“paz del Norte”), y durante los siguientes 35 a?os se fijó la capital del país en Nanjing. Cuando ésta volvió a trasladarse a Beiping, la ciudad se convirtió en Pekín (“capital del Norte”), y se inició la construcción de edificios que anunciaban grandes presagios, como la Ciudad Prohibida.

Bajo el dominio de los invasores Manchu, que en el siglo XVII crearon la dinastía Qing, Pekín sufrió grandes remodelaciones y se expandió enormemente. No obstante, desde el principio parecía claro que cualquier ciudad que se proclamara capital de China disfrutaría de una existencia agitada. A pesar de que las amenazas de invasión se han reducido desde los días en que las tropas anglo-francesas arrasaban el antiguo Palacio de verano o el ejército japonés ocupaba el país, en la década de 1930, las luchas internas por el poder siguen latentes en la capital de esta fogosa nación.

Cuando en 1949 Mao Tse-Tung proclamó la “República Popular” en la plaza de Tiananmen, los comunistas procedieron a la remodelación de Pekín. En aras de la solemnidad y de la circulación del tráfico, se derribaron arcos conmemorativos y algunas de las murallas exteriores de la ciudad; para planificar su dise?o se siguieron los modelos soviéticos, lo que explica las características estalinistas de muchos de los edificios y lugares de interés más importantes de Pekín.

La etapa más siniestra de la historia de Pekín se produjo en 1989, cuando las fuerzas gubernamentales de Deng Xiaoping disolvieron de forma violenta una nutrida manifestación estudiantil en favor de la democracia, celebrada en la plaza de Tiananmen. El hecho de que atrocidades semejantes pudieran ocurrir en una ciudad invadida por reformas al más puro estilo capitalista y repleta de centros comerciales y divisas extranjeras, refleja claramente el espíritu de Pekín, una ciudad llena de contrastes y contradicciones. En la actualidad, tanto la revolución cultural como la matanza de Tiananmen son temas tabú entre los funcionarios.

En 1994, el gobierno chino estaba convencido de que había conseguido devolver al país su buena reputación a escala mundial, y su pueblo daba por hecho que Pekín sería la ciudad elegida para albergar las Olimpiadas del a?o 2000, con lo que los chinos no aceptaron de buen grado la designación de Sydney, en Australia. Tampoco ayudó mucho la actitud china durante la celebración de la Conferencia de la Mujer de Naciones Unidas en Pekín, en 1995. Después de la fuerte presión a la que China sometió a las Naciones Unidas para que aprobaran el desarrollo de la conferencia en su país, sus autoridades denegaron el visado de entrada a varios cientos de personas que querían asistir a la conferencia, con el argumento de que eran políticamente incorrectos.

Pekín continuó la campa?a de deterioro de su imagen, especialmente en Occidente, con el lanzamiento de misiles en aguas de Taiwán, a principios de 1996, con la intención de alterar el resultado de las elecciones presidenciales taiwanesas. Sin embargo, lo único que consiguió fue incrementar el apoyo al candidato que más despreciaba, Lee Tenghui, que finalmente salió elegido presidente de Taiwán por un holgado 54% de los votos. En las elecciones presidenciales del a?o 2000, se intentó una jugada similar, y Pekín amenazó con declarar la guerra si ganaba el candidato pro-independentista Chen Shui-bian; al final éste obtuvo la victoria, pero no ocurrió nada de lo anunciado.

A principios de 1997, Pekín hizo un alto en sus relaciones internacionales para celebrar el funeral del líder supremo Deng Xiaoping, un acontecimiento trascendental en la historia china que fue seguido por una multitud de pequineses apenados que flanqueaban las calles de la capital. La toma de posesión de Hong Kong por parte de las autoridades chinas, poco tiempo después, en julio de 1997, pareció más una orgía nacionalista que una celebración cultural; la entrega de Macao, en diciembre de 1999, fue un acontecimiento mucho más comedido.

Entre los últimos esfuerzos realizados por Pekín para mejorar su imagen, se encuentran la abolición de las últimas zonas oficiales de paso restringido, establecidas en los a?os cincuenta para aislar la revolución cultural de influencias extranjeras; y la candidatura para albergar los Juegos Olímpicos del a?o 2008, que las autoridades chinas entienden como la oportunidad de iniciar una nueva etapa en la historia del país más que como un evento deportivo de gran importancia, teniendo en cuenta que una de las propuestas es celebrar los juegos de voleibol playa y parte de la prueba del triatlón en la plaza de Tiananmen.

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